|
Martes, 8 de Mayo de 2001
Refugio de Ferreiros
Ya por la mañana, después de prepararse, los cuatro amigos bajaron a
un bar cercano a desayunar. Un matrimonio de ancianos con sus dos hijos ya mayores se
encontraba ya en la cafetería.
Después del desayuno iniciaron con lentitud la nueva etapa. Esta vez, durante un buen
trecho, irían juntos. Poco a poco fueron pasando los kilómetros. Aunque Michel se
adelantó en un principio, pronto les esperó. Ángel y Jesús continuaron mientras Michel
esperaba a Primi. Una vez juntos continuaron avanzando.
En una de estas esperas, sin saber exáctamente dónde, Michel había olvidado su
sombrero, adquirido un par de años antes en Arizona, en uno de los
mojones del Camino. Aunque lo sintió por el cariño que le tenía no estaba dispuesto a
desandar lo ya andado para buscarle. Le dió por perdido.
Poco a poco, tomando sucesivos descansos, fueron aproximándose a Portomarín. El nuevo
pueblo, emplazado en un alto, se construyó después de que las aguas del Miño cubrieran
el antiguo. La Iglesia de San Nicolás fue subida piedra a piedra a su nuevo emplazamiento.
Primi
Una vez cruzado el largo puente Primi decidió continuar con ánimo de avanzar mientras
Ángel y Jesús esperaban a Michel ya arriba en el pueblo. Después de unas cervezas y
algunas fotos, continuaron tras de Primi.
Continúan bailando ...
... La Respingona
Los tres amigos, después de la fuerte subida que hay pasado el pueblo
de Portomarín, pasaron por Gonzar y llegaron a Hospital de la Cruz. Primi había
avanzado mucho, aunque pronto le alcanzarían.
Parada para comer
La hora invitaba a comer por lo que pararon en un mesón al lado del
Camino cerca de Ventas de Narón. Después de una comida exquisita, unos cuantos
"elixires", y un largo descanso, continuaron hacia Eirexe.
Michel comentaba lo extraño que le parecía la ausencia de peregrinos. En comparación
con el año anterior, no había casi ninguno. Antes de llegar a Eirexe se detuvieron en
un mesón al lado del Camino con intención de tomar unas cervezas. Una anciana alemana
peregrina leía un libro. El establecimiento lo llevaba, con su madre Mary Luz,
una niña muy espabilada y
simpatiquísima de trece años, llamada Sandra. Su forma de hablar en gallego y su
desparpajo les hacía mucha gracia.
Eirexe: Sandra en el Mesón de Mary Luz
Poco después llegaría el grupo de catalanes. Uno de los hombres había
hecho el Camino un gran número de veces y esta sería la última. Les comentaron que
irían en coche a un hostal y a la mañana siguiente regresarían de nuevo para continuar
el Camino desde allí mismo.
Primi, muy gracioso, comentaba cómo iban sus ampollas de los piés,
cómo le habían salido algunos perros en algún pueblo ya pasado, y les enseñaba una
nueva ampolla que llevaba en la mano que le había salido del palo en el que se
apoyaba.
Después de unas cervezas decidieron llegar hasta el refugio, ducharse y regresar de
nuevo al mesón para cenar.
La mujer encargada del refugio, muy simpática, insistió en abrir una de las alas del
mismo para los que quisieran dormir allí. En definitiva, Primi y Jesús compartieron
con la alemana lectora parte del refugio y Ángel y Michel la otra parte. Aproximadamente
diez literas dobles para ellos solos. Michel, después de ducharse, se asoma a la
ventana del refugio. Ve a Jesús tumbado en un banco de piedra y le tira los
calzoncillos que deberían haber ido a la papelera. Jesús, sonríe y les dice desde
abajo: "¡¡¡ no seais cabrones !!!". Primi y Michel se parten de risa.
Una vez duchados y aseados vuelven por el camino al mesón donde ya habían estado
anteriormente. El grupo de catalanes ya se ha marchado. Cuando llega la madre de la
niña, Mary Luz, les prepara la cena. La niña comenta que tiene examen de matemáticas al día
siguiente y Primi se ofrece a revisar los problemas con ella.
Después de cenar rico
tocino, exquisito jamón y algunas otras cosas, y después de los habituales "elixires", regresan
al refugio. Esta vez la noche está tranquila y los amigos duermen a pierna suelta.
Aparentemente nadie ronca.
|